martes, 13 de febrero de 2018

MUJERES TRABAJADORAS DE MAO: LAS ARTESANAS DEL DULCE Y LA HARINA

Por Rafael Darío Herrera


Se han confeccionado muchas biografías de personalidades consideradas relevantes del pueblo de Mao. De los hacendados, comerciantes, políticos, potentados, burócratas, músicos, médicos, profesores, maestras, mujeres de los grandes potentados, etc.

Sin embargo, se ha omitido la reconstrucción de la vida de los de abajo, de la gente corriente, de los sectores subalternos, como los aguateros, albañiles, campesinos, obreros, jornaleros, panaderos, chiriperos, artesanos, lavanderas, planchadoras, choferes, enfermeras, etc. Sobre este conglomerado por lo regular no existe una documentación en archivos y la oralidad representa el principal recurso, la cual, en la mayoría de los casos es fragmentaria. Sencillamente no existen los anales de los pobres.

Desde los inicios del siglo XX, un grupo significativo de mujeres de Mao se dedicó a la producción de dulces para lo cual utilizaban materia local: maní, coco, naranja, lechosa, guayaba, cajuiles, leche, miel de abeja, caña de azúcar, huevos, maíz, batata, yuca, entre otra.

Hasta la emergencia de la agricultura comercial, en Mao predominó una economía de auto subsistencia. La gente consumía lo que producía y luego, con el mejoramiento de las técnicas agrícolas, el excedente de lo producido se colocaba en el mercado.

En un entorno dominado por elevados niveles de pobreza que se expresaba en la baja calidad de la vivienda y los servicios (energía eléctrica, agua potable, bajo ingreso per cápita, vestidos, transporte, alimentación, etc.), la mujer maeña se incorporó a diversas actividades productivas.

Desde que se iniciaron las plantaciones arroceras hubo una integración considerable de mujeres a la siembra de arroz así como a la venta de alimentos cocidos en el propio campo. En algunos barrios de la ciudad se establecieron negocios para vender comida a los jornaleros que retornaban de la faena agrícola. El más conocido de todos fue el de Candita, la esposa de Tato, en la calle Talanquera del barrio Los Cambrones (Enriquillo).

La venta de golosinas representa uno de los renglones en que se conformó un núcleo importante de mujeres. Utilizando leña y carbón como combustible producían hojaldres, pastelitos, chulos (pequeños rollos rellenos de carne), roquetes, bienmesabe, panecicos de yuca rellenos de fragmentos de chicharrones, panecicos de harina de maíz o yuca, coconetes, jalao o piñonate, dulce de batata, de coco, de leche, combinaciones de piña y coco y otros frutos, alegría, buñuelos, suspiros, etc.

Otro grupo de mujeres se dedicó a la venta de carne frita, chicharrones (piel del cerdo), morcilla, vísceras de cerdo, que siempre acompañaban de plátanos (bananas) fritas. Este es el caso de nuestra abuela paterna, Cleofina Herrera, que se dedicó a freír y vender chicharrones para poder solventar los gastos familiares.

Para comercializar lo producido empleaban diversos medios. Algunas tenían puestos fijos para vender, otras contrataban vendedores ambulantes en tanto muchas de ellas se desplazaban a los lugares donde había algún tipo de actividad como velas de santos, galleras, fiestas con algún conjunto típico y en cualquier evento que movilizara gente allí estaban ellas ofertando sus productos.

Con la ayuda de mi padre, Darío Antonio Herrera, he elaborado una lista de las mujeres que se dedicaban al oficio, algunas de las cuales fueron:
1 Anita Disla, la madre de José Reyes, y su hermana, en la calle Duarte.
2 Blanca Bonilla Disla y su hermana Ana Joaquina Bonilla Disla (n. 1921), cuya hija (Ana) y esposo aprendieron a elaborar frituras y establecieron un próspero negocio en Yerba de Guinea.
3 Emelinda Engracia Colón Bonilla, Linda, (1881-1976), esposa del carpintero Francisco Antonio Daniel, en la calle María Trinidad Sánchez.
4 María Mercedes Inoa Medina, Chachita (1882-1975), esposa de Bernardo Colón. Mantuvo a su extensa familia con su trabajo, entre los se encontraba su hijo Alcibíades Colón, quien en 1955 disparó el primer hit en el Estado Quisqueya.
5 Gloria Emperatriz, Quica (1912-2015) y su hermana Aminta Disla Bonilla (n. 1913), hermanas del hacendado Emilio Alberto Disla (1909-1979).
6 Consuelo Mena, especializada en la fabricación de dulce de leche en el barrio Los Cambrones.
7 Virita Disla Gómez, hermana de la profesora Altagracia Camelia Disla.
8 Mamita Cacón, frente a la casa de Los Pifia, en la calle Beller.
9 Isabel Espinal, madre de José Espinal, el plomero. Sibila.
10 Emelinda Núñez Rodríguez, Melo (n. 1888), quien estableció una panadería en la calle Máximo Cabral. Era la esposa de Luis Manuel Madera Rodríguez.
11 Esilda Camelia Madera, Nía (1919-2003), quien al fallecer su esposo, Ramón Antonio Frías Güichardo, logró levantar su familia con la fabricación de dulces.
12 Argelia Altagracia Reyes Bonilla (1930-2002), en la calle Trinitaria.
13 Alfredo Colón y doña Candita. Frente a Lucero Colón. Coconete,

miércoles, 9 de agosto de 2017

El testamento de Santana

Por Emilio Rodríguez Demorizi

Como si presintiera que ya no estaba lejos la hora de su partida hacia lo eterno, el general Pedro Santana se dispuso a dictar su testamento. ¿No tuvo más razón para hacerlo cuantas veces, camino del campo de batalla, fue a arriesgar la vida? Entonces, pleno de fe el espíritu del vigoroso hatero, el misterioso heraldo de la muerte no le turbó por un instante. Entonces, también, le hubiera parecido una cobarde renunciación a la vida el pensar en la muerte, deidad a su servicio y sojuzgada en contra del haitiano.
Pero, ya era distinto, corría el año de 1862, era el segundo año de Anexión a España. La sangre del Abel dominicano, de Francisco del Rosario Sánchez y de sus tristes compañeros, la sangre escasa de los páritres, había ido creciendo como crecen los ríos a medida que se apartan de sus fuentes. Antes de un año volvería a ensangrentarse el suelo de la Patria, y de nuevo tendría Santana que empuñar la espada de las carreras, ahora envuelta en el siniestro brillo del marquesado.

Alguna visión del cercano y trágico futuro debió tener el héroe, cuando se decidió a disponer sus postreras voluntades.

viernes, 4 de agosto de 2017

Un músico típico maeño: Alcedito Espinal Ureña

Por Rafael Darío Herrera

Se ha generado una confusión entre los músicos típicos Alcedo María Espinal Rodríguez y su hijo Aquilino Espinal Ureña, mejor conocido como Alcedito. A partir de los documentos que hemos consultado trataremos de dilucidar aspectos de la vida de cada uno de ellos.

Aquilino Antonio Espinal Ureña, Alcedito

Alcedo María Espinal Rodríguez formó parte de los descendientes de la pareja formada por José Emeterio Espinal y Ana Luisa Rodríguez. Otros hijos de este matrimonio fueron:
1 María Antonia Espinal, n. 1869, quien se casó el 14 de marzo de 1894 con José Gregorio Disla, n. 1866, hijo de José Fermín Disla y Laureana Gómez.
2 Julio Espinal, n. 1882, hijo de José Emeterio Espinal y Ana Luisa Rodríguez, se casó el 27 de mayo de 1904 con Juana de Dios Santana, hija natural de Magdalena Santana.
3 Alcedo María Espinal, n. 20 de febrero, 1885.
José Emeterio Espinal también procreó otros hijos con Ana Luisa Ventura:
1 Félix Espinal Ventura, n. 29 de julio de 1880.
2 María Engracia Espinal, n. 1870 y f. 14 de noviembre de 1884.
3 Regino Candelario Espinal, n. 6 de septiembre, 1881, hijo de Ana Luisa Ventura. Padrinos: Pedro Ignacio Agramonte y Úrsula de Mota.

viernes, 21 de julio de 2017

Juan Isidro Pérez. El ilustre loco. Estudio Psiquiátrico

Por el Dr. Antonio Zaglul

Se quejaba un ilustre psiquiatra español del afán de los médicos en diagnosticar las enfermedades que causaron la muerte o que padecieron los ilustres personajes de la historia de cada país.

¿Es realmente una actitud morbosa o una curiosidad altruista, en el más amplio sentido del conocimiento, descubrir el mundo patológico de esas personalidades?

¿Qué médico o estudiante de medicina no se interesa por la vida de Napoleón en Santa Elena, desde el punto de vista de su enfermedad: un posible cáncer en el estómago? ¿Quién no se interesa por los ataques de epilepsia que le sucedían a Julio César en plenos comicios romanos? De ahí el nombre de Enfermedad Comicial. Asimismo, ¿quién no se preocupa por la personalidad sádica de Enrique Octavo, de Inglaterra; por la locura de Doña Juana de España, y hasta por los piojos de Carlos Quinto, que crearon un recorte de pelo casi al rapé y que se considera actualmente como el recorte militar en todas partes del mundo?

No es morbosidad, sino conciencia médica.

lunes, 6 de marzo de 2017

MATÍAS RAMÓN MELLA CASTILLO

Por Rafael Darío Herrera


A lo largo de su itinerario político y militar, Matías Ramón Mella Castillo demostró una notable capacidad para la acción, faceta que ha sido resaltada con acierto por la mayoría de sus biógrafos.

En tal sentido, se ha considerado que Mella encarna la marcial audacia y que era resuelto, valiente, dotado de sagacidad política, intrépido además de su proverbial patriotismo.
El escritor Manuel de Js. Galván lo califica como “un hombre de pensamiento y reflexión, de vasta y bien calificada inteligencia… incapaz de temor, audaz por prudencia, y pronto a la acción y al sacrificio cuantas veces columbró un objetivo digno de su esfuerzo”.

jueves, 26 de enero de 2017

LA FAMILIA LOZANO DE MAO

Por Rafael Darío Herrera


Existen algunas evidencias de que las personas de apellido Lozano arribaron a Mao en las primeras décadas del siglo XIX desde la ciudad de Santiago de los Caballeros y formaron parte del núcleo de familias fundadoras de este pueblo.

En la comunidad de Esperanza también abunda el apellido Lozano, entre ellos Antonio Lozano quien participó en la batalla de La Barranquita del 3 de julio de 1916 y a quien los marines estadounidenses no remataron por considerar que no tenía posibilidades de sobrevivir con las heridas que tenía pero este se recuperó posteriormente y falleció en la miseria.

El tronco de la familia estaba formado por José Eugenio Lozano quien nació en 1828 y falleció el 21 de junio de 1914 y por Rosalía Báez nació entre 1840 y 1850 y falleció el 14 de febrero de 1903. En su acta de defunción se consigna que tenía 50 años o más. La familia Lozano habitó en la zona noreste de la ciudad de Mao, conocida como Yerba de Guinea. La pareja residía en la calle 27 de Febrero # 11.
Descendientes de José Eugenio Lozano y Rosalía Báez:
I María Mercedes Lozano Báez, n. 16 de mayo, 1875. Padrinos: Matías Acosta y María Lizardo. Falleció en septiembre, 1946.

II María Ramona Lozano Báez, n. 1879 y f. 27 de mayo, 1921.

martes, 17 de enero de 2017

La Corrupción: El gran mal dominicano

Por Rafael Darío Herrera


Desde la fundación del Estado dominicano la corrupción ha devorado una cantidad inconmensurable de millones de pesos del erario, con la excepción de los gobiernos de Ulises Francisco Espaillat (1876) y Juan Bosch (1963).
El dictador Trujillo y su familia no solo fue un gran corrupto sino que se apropió de todos los recursos del país incluidas hasta las propias mujeres a las que denigró salvajemente y ni hablar de los más de 50 mil dominicanos que asesinó y de los otros tantos que torturó. El dolo, el fraude y el engaño penetraron todos los intersticios de la sociedad y se conocieron formas inéditas de ilicitud.

Durante la dictadura no había distinción entre los bienes estatales y los del déspota.

jueves, 5 de enero de 2017

La familia Saleta de Mao

Por Rafael Darío Herrera


La matriz de la familia Saleta Valerio la forman Rafael Nicanor Saleta n. 1865 y f. 8 de diciembre, 1903, hijo de José Saleta Pichardo y Francisca Díaz, quien en 1891 contrajo nupcias con Dolores Anastasia Melania Pichardo Valerio, n. 22 de enero, 1871 en Santiago, hija de Rodolfo Ramón Pichardo Román (1853-1980) y de Juana Francisca Valerio (1853-1944), hija a su vez del general Fernando Valerio Gil y de Petronila Suriel Fernández.

Rodolfo Ramón Pichardo Román era hijo de la pareja formada por Domingo Daniel Pichardo y Generosa Román.

martes, 20 de diciembre de 2016

Acta de matrimonio de Francisco Madera García y Juana de la Cruz Rodríguez

“En Santa Cruz de Mao a los veinte días del mes de julio de mil ochocientos setenta y siete, siendo las ocho de la noche, ante nos Baltazar Rodríguez, oficial civil de este Puesto, debidamente juramentado, comparecieron los señores Francisco Madera, de veinte y cinco años de edad, residente en el Higüerito, de profesión criador, hijo legítimo de Juan Madera y Ramona García, difuntos. De una parte.

Y la señorita Juana de la Cruz Rodríguez, de profesión lavandera, hija legítima de Fructuoso Rodríguez y Blasina Acosta. De otra parte.

Ambos comparecientes, la segunda con el previo consentimiento de sus legítimos padres, nos exponen que desean contraer matrimonio civil. En consecuencia y habiendo observado las formalidades que requiere la ley del 17 de abril de 1853, transcurriendo asimismo los tres días francos sin haberse presentado oposición alguna al matrimonio que se pretende, procedimos a efectuarlo en la forma siguiente:

Presente los futuros esposos y testigos requeridos al efecto, señores Gregorio Aracena, Etanislao Reyes, Sebastián Rodríguez y Manuel de Js. Tineo, todos mayores de edad, domiciliados en este Puesto y en el pleno goce de sus derechos civiles y políticos.

Dada lectura a los primeros de los derechos y deberes respectivos de los esposos, según lo prescrito por el artículo 212 y seguidos del Código Civil les hemos preguntado:

Señor Francisco Madera, ¿recibe usted a la señorita Juana de la Cruz Rodríguez por su esposa legítima?
Y contestó en clara vox: “Si recibo”.

Señorita Juana de la Cruz Rodríguez, ¿recibe usted al señor Francisco Madera por su esposo legítimo? Y contestó igualmente: “Si recibo”.

Puestos de pie los he proclamado unidos en matrimonio civil.

De todo lo que dirijo el presente acto que he leído a los comparecientes y testigos estar conformes; requeridos para firmar lo hace la esposa y testigos junto con nos; dijo el esposo no saber”.

Baltazar Rodríguez (Firmado)

Fuente: Oficialía del Estado Civil de Mao, Registro de Matrimonios, 1876-1888, Libro I. Acta 51
Pueden ver copia del Acta en el siguiente link: https://familysearch.org/ark:/61903/3:1:9396-BS9S-V1?i=41&wc=SNJ6-K68%3A1043670901%2C1043906201%2C1043922501&cc=1619814

jueves, 15 de diciembre de 2016

La familia Madera de Mao

Francisco Madera García y Juana de la Cruz Rodríguez Acosta

Por Rafael Darío Herrera

Francisco Madera García, n. 1852, hijo de Juan Madera y Ramona García residía en el momento de matrimonio en la pequeña comunidad del Higüerito, comunidad ubicada en el Este de la provincia Valverde, donde nació su primera hija María Ernestina Madera Rodríguez.

Algunas evidencias documentales revelan que Madera originariamente residía en San José de las Matas (SAJOMA), descendiente de canarios, y es muy probable de que bajara desde allí en busca de tierras llanas y hábiles para el cultivo y la crianza libre de ganado. El 20 de julio de 1877 casó con Juana de la Cruz Rodríguez Acosta, n. 1855, que en ese momento ejercía el modesto oficio de lavandera. Hermano de Madera García era Jesús Madera García, n. 1850 y f. 20 de mayo de 1915, quien residía en la comunidad de Ámina.

Don Francisco y Juana transmitieron a sus hijos una singular mística basada en un elevado sentido de la responsabilidad, de la solidaridad, del trabajo, la adhesión a preceptos religiosos así como un ethos particular, más acentuado en las primeras generaciones.

La familia Madera mantuvo vínculos amistosos con el caudillo liniero Desiderio Arias. De hecho, en los días previos al asesinato de este en las lomas de Gurabo, el 20 de junio de 1931, el dictador en ciernes dispuso el apresamiento de Luis Madera y Rafael -Feso- Madera junto a Efraín Reyes, Agustín Hernández, Estaurofina Pichardo, esposa de Salomón Haddad, Luis Bueno, José Ramón García, Antonio Méndez, Dr. Gerardo Ellis Cambiaso, entre otros. Al grupo lo trasladaron en un camión hasta la fortaleza San Luis de Santiago y allí el dictador en ciernes los interrogó de manera individual. Los Madera repudiaron abiertamente la dictadura trujillista.