Por Numas Ramírez hijo
IVSus fuentes de prosperidad
La Información, 21 de marzo, 1938.
Para poder apreciar en su justo valor lo que ha significado para la prosperidad de Mao la construcción de su magnífico puente y de las demás obras citadas en nuestro anterior artículo, es necesario haber sido testigos y en ocasiones actores, de los serios peligros que era preciso arrostrar para cruzar la impetuosa corriente del Yaque en épocas de avenidas, pasajeros de una frágil y destartalada barquita, tras de esperar largas horas de turno de pase que la constante aglomeración de automóviles, camiones y peatones dilataba cada vez más; repitiéndose a diario el caso de que personas llegadas a orillas del río a las siete de la mañana rumbo a lejanos destinos, no lograban pasar al otro lado después de las doce m.
Por otro parte, como la tal barca no resistía gran peso se hacía indispensable que la carga transportaba por los camiones fuese apeada y conducida en una nueva jornada del lento vehículo para ser cargada nuevamente al camión deteriorada por el fango y con pérdida de un tiempo preciso para todos. Y aquí no terminaba el suplicio de la ruta, ya que había que ofrecerse formados en pésimo camino carretero que entonces era la vía única habilitada para el viaje de los carros a Santiago.
A la vez que a conjurar estos males que retardaban gravemente el progreso de la región, el puente y su utilísima derivación: la carretera Jicomé-Esperanza-Mao, por la rapidez y seguridad que brindan al tráfico, vinieron a ser acicate poderoso para las actividades agrícolas y comerciales de la común, que muy pronto habría de ver triplicada la producción arrocera para entonces, su principal fuente de riqueza, que en solo dos años del Gobierno del presidente Trujillo alcanzaba ya un promedio de veinte mil quintales anuales.
Testigo ocular de la miseria y desolación de la región comprendida entre la población de Mao y el arroyo Gurabo, en cuyas tierras calcinadas cactus y cambrones daban la penosa impresión de que aquellos lugares serían por siempre rebeldes a los reclamos del trabajo, fuente creadora de riqueza y bienestar, el honorable presidente Trujillo, con la visión profunda con que él solo sabe medir el valor de todo cuanto pueda concurrir al engrandecimiento de la Patria y a la felicidad de sus gobernados, concibió el proyecto de convertir aquellas desoladas llanuras en campos de promisión por el milagro del agua y del trabajo: del agua que es fecundación y es vida; del trabajo que es actividad y paz a un tiempo mismo.